Un frente totalmente acristalado,
protegido por una galería andaluza, mira hacia el norte y recibe por reflexión
la luz proveniente del sur. Una línea ondulante de claraboyas complementa la
iluminación natural.
En lo alto del vértice se ubica un balcón a modo de atalaya,
al que se llega con dos escaleras de peldaños metálicos en voladizo. Los
pasamanos rehundidos y ondulantes conducen hilos de agua que se iluminan de
noche y confluyen en un estanque semicircular situado en el centro del patio.
El torrente de agua hace un sonido que se reduce a medida que se sube, de modo
que al llegar al balcón impera el silencio.
La información completa de esta obra la encontrará en el libro Arquitectos Argentinos for Export |
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