Los autores fueron finalistas de un concurso de proyectos tomando partido por un museo de carácter mineral y neutro, que cede el protagonismo a las
obras de arte.
El volumen puro del Museo, elevado del piso y lanzado en los extremos, expone su larga fachada que acompaña a la Avenida Rhodanie al borde del lago. Las fachadas cortas se abren hacia el lago y la ciudad.
Los sheds orientados al norte
permiten la difusión de la luz natural en las salas de exhibición. Se omite el ingreso de luz solar directa y se refuerza
la iluminación según el tipo
de sala con un plafond de cristal esmerilado que equilibra las variaciones de luz natural y las compensa con luz artificial. Persianas horizontales orientables oscurecen las salas fuera del horario de público y controlan la cantidad de luz que reciben las obras. Los paneles solares proponen un aprovechamiento integral de la energía.
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